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HOY 14:13 ECONOMÍA Y POLITICA:
"CUENTAS QUE NO CIERRAN"
Por Mariano Ruiz.
  • "CUENTAS QUE NO CIERRAN"

    Mariano Ruiz.

Detrás de cada estadística hay una escena que se repite en demasiadas casas de nuestra ciudad: sentarse a la noche con las boletas sobre la mesa, abrir la aplicación del banco con un nudo en la garganta y empezar a hacer cuentas que ya no tienen por dónde cerrar. La plata no alcanza, pero lo que más pesa es la incertidumbre. En Campana, esa angustia silenciosa dejó de ser una sospecha de barrio para convertirse en una cruda realidad demostrada con números.

De acuerdo con el relevamiento elaborado por el Centro de Estudios para la Ciudad y la Fundación Friedrich Ebert, la tasa de mora en nuestro municipio alcanzó el 26,52%, ubicándose más de 3 puntos por encima de la media de la provincia de Buenos Aires. Ya son más de 16.000 vecinos en situación de mora, con una deuda impaga promedio que supera los 4,2 millones de pesos por hogar.

No estamos hablando de créditos tomados para cambiar el auto o hacer una refacción soñada. Hablamos de pagar el supermercado en cuotas, de financiar el mínimo de la tarjeta de crédito o de caer en prestamistas de barrio con intereses imposibles, únicamente para sostener lo elemental: la comida, la luz, el gas, los remedios. La bicicleta financiera de los hogares es la cara más dolorosa de un rumbo económico nacional que ahoga los ingresos del trabajo mientras garantiza ganancias extraordinarias para unos pocos. Y ese ahogo no pasa en abstracto en un canal de televisión; se sufre en Campana, en nuestros comercios vacíos y en los barrios donde los vecinos ya no saben qué más recortar.

Frente a esto, el poder local no puede lavarse las manos ni escudarse en que la economía no depende de la intendencia. Cuando la crisis aprieta, el municipio es el primer mostrador. No se trata de pedir milagros, sino de fijar prioridades claras: ¿de qué lado se para el gobierno de la ciudad? ¿Se pone al lado de las familias que no dan más o se amolda con obediencia a las políticas de ajuste que nos asfixian día a día? La indiferencia nunca es neutral; cuando la dirigencia local elige callar o mirar para otro lado, está convalidando el castigo sobre sus propios vecinos.

Las decisiones que tomamos colectivamente en Campana no están aisladas: definen el aire que respiramos todos los días. Y por eso, la salida no pasa por resignarse ni por canalizar la bronca acumulada solo para repudiar a quienes nos trajeron hasta acá. Reaccionar desde el enojo suele dejarnos en el mismo punto de partida. Lo verdaderamente transformador es empezar a tomar decisiones en favor de lo que queremos proteger. Decidir a favor del comerciante que levanta la persiana a pulmón, de la familia que merece comer tranquila y de una comunidad que exige un gobierno local que funcione como escudo y refugio, no como espectador de su caída.

Nuestra ciudad creció con la cultura del trabajo, de la industria y del progreso compartido. Nadie nos regaló nada, pero tampoco nadie debería condenarnos a vivir endeudados para sobrevivir. Recuperar el bienestar no es un eslogan lejano: es la decisión diaria y consciente de no acostumbrarnos a la decadencia, de no aceptar que la angustia sea la norma y de apostar, de una vez por todas, por un destino común donde la dignidad de cada familia campanense vuelva a ser lo más importante.

Hasta la próxima.