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Por Claudio Valerio
El asar carnes; un arte que estimula la creatividad y une a las comunidades
La cultura es dinámica; es un bien colectivo que hace a la identidad grupal, transmitiéndose de generación en generación, facilitando la interacción social. La cultura abarca el pensamiento y con el arte tenemos una forma de expresarnos, una forma de difundir emociones de una manera libre. “La cultura es el conjunto complejo de conocimientos, creencias, artes, normas, valores, costumbres y hábitos adquiridos por los seres humanos como miembros de una sociedad".
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El asar carnes; un arte que estimula la creatividad y une a las comunidades
Vivir el hoy en día, este presente de la vida, es prestar atención al momento actual, es tomar consciencia de que el vivir significa hacer con energía y no quedar amarrado a lo pasado y no estar ansiosos por lo que vendrá más adelante.
Hoy, este día, debemos aceptar la realidad tal como es y disfrutar con plenitud las experiencias que trae lo cotidiano… Para quienes amamos el asar carnes, el compartir vivencias tanto con amigos, como familiares y afectos junto al fuego, hace en nosotros un mecanismo conectivo entre el pasado y el presente evocando recuerdos felices. No es nostalgia; se trata de una forma de reducir la ansiedad y atenuar la soledad. En el asar no solo manifestamos en arte, también se fusiona y aglutina lo emocional.
En el momento de asar, el cocinar se convierte en el mejor momento para compartir buenos vinos y anécdotas… Lo que más nos apasiona de ese instante, de ese lugar, es poder ver los rostros en estado de éxtasis intenso al descubrir en ese trozo de carne, en ese bocado, recuerdos de la infancia y de momentos inolvidables; sensaciones donde se fusionan aromas y sabores que jamás olvidaremos. En el ritual del asado se ponen en juego secretos ancestrales y de la alta cocina que, fusionados con colores, olores y colores hacen que "el asar sea una expresión artística", una maestría en las brasas con la que, con la viva brasa y el humo de la leña, se elevan a las nubes nuestros recuerdos y se también potencia nuestra imaginación.
Poner en valor estos hábitos y costumbres, mejoran el bienestar mental, físico y social. Y es la Historia la que nos ha enseñado a que con el fuego podremos calentarnos y alimentarnos. Nuestros antepasados junto al fuego se calentaban y, alrededor de una hoguera, se abrigaban de afecto y disfrutaban del encuentro. Con el pasar de las lunas hemos aprendido que las rutinas diarias, por su valor respecto de la supervivencia, son transformadoras y hacen de conexión con lo social, la comunidad, la gratitud y la disciplina.
Que la "técnica parrillera" fortalezca nuestra identidad personal y nos haga valorar nuestras habilidades culinarias; y que, con la "ciencia del fuego", cultivemos la paciencia de alcanzar los logros devenidos de los desafíos actuales.
Claudio Valerio
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