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Claves esenciales para protegerla del frío y la sequedad
Salud & Bienestar
  • Claves esenciales para protegerla del frío y la sequedad

Con la llegada de las bajas temperaturas suele prestarse menos atención al cuidado de la piel. Sin embargo, en esta época son frecuentes la resequedad, tirantez, irritación y sensibilidad. Especialistas explican por qué adaptar la rutina diaria resulta imprescindible para mantener la salud cutánea.

La piel cumple una función vital que trasciende lo meramente estético: es el órgano más extenso de nuestro cuerpo y funciona como una barrera activa de protección frente a agresiones externas, participa directamente en la regulación de la temperatura corporal y resulta indispensable en múltiples procesos fisiológicos para el bienestar general. Por estas razones, cuidar adecuadamente nuestro tejido cutáneo representa un compromiso fundamental con la salud integral.

¿Por qué el invierno puede alterar y afectar la salud de la piel?

Durante los meses fríos, diversos factores ambientales inciden negativamente en el manto hidrolipídico que conforma la barrera natural protectora de la piel.

La combinación del viento fuerte, las bajas temperaturas exteriores, la exposición constante a calefacciones de interiores y los cambios abruptos de temperatura estimulan la evaporación de agua y la pérdida acelerada de hidratación. En consecuencia, la epidermis tiende a manifestar tirantez, descamación, mayor sensibilidad o reactividad al contacto.

Asimismo, cabe recordar que los requerimientos cutáneos evolucionan con el paso de los años y varían sensiblemente según la estación. De este modo, aquel esquema de cuidado que resulta efectivo en los meses estivales suele ser insuficiente para brindar la protección requerida durante el invierno.

¿Todas las pieles requieren los mismos cuidados?

Cada tipo de piel posee una estructura y necesidades singulares. Previo a incorporar cualquier producto o adoptar tendencias difundidas en plataformas digitales, los profesionales aconsejan identificar con precisión el biotipo cutáneo:

Piel grasa: Caracterizada por brillo visible, producción abundante de sebo y predisposición al desarrollo de impurezas o acné.

Piel seca: Propensa a la sensación de tirantez, falta de flexibilidad, deshidratación e irritaciones.

Piel normal: Presenta un equilibrio armónico, sin exceso de grasitud ni zonas de sequedad evidente.

Piel mixta: Combina zonas con mayor producción oleosa (habitualmente la zona "T": frente, nariz y mentón) con áreas normales o secas en mejillas.

Piel sensible: Reacciona de forma exacerbada frente a inclemencias climáticas, ingredientes cosméticos o agentes externos.

Reconocer estas distinciones específicas constituye el primer paso indispensable para estructurar una rutina adaptada a las necesidades reales del rostro.

Los tres pilares para una rutina básica y efectiva

Aunque la oferta de productos es sumamente amplia, una rutina eficaz no requiere ser compleja ni extenuante. La dermatología respalda tres pilares fundamentales que no deben faltar:

Limpieza adecuada: Remueve impurezas, contaminación acumulada y secreciones, dejando la piel preparada para asimilar los tratamientos posteriores. Mientras que las pieles grasas se benefician de limpiadores que regulan el exceso de sebo, las pieles secas o sensibles demandan fórmulas suaves que preserven intacta la barrera lipídica.

Hidratación constante: Fundamental para mantener la elasticidad, suavidad y función barrera. En la época invernal adquiere un rol prioritario debido a la marcada deshidratación ambiental. Las texturas pueden variar desde geles o emulsiones fluidas hasta cremas más untuosas según el tipo de piel.

Protección solar diaria: Asociada frecuentemente de forma errónea solo a los días de verano o playa, la radiación solar incidente (rayos UVA y UVB) permanece presente durante todo el año y genera daños acumulativos como fotoenvejecimiento prematuro, manchas y alteraciones celulares.

Dato Clave: La importancia del protector solar en invierno

Un error habitual consiste en suspender el protector solar por la menor intensidad lumínica o por permanecer más tiempo en recintos cerrados. Sin embargo, la exposición a la radiación ambiental y a la luz de dispositivos es continua. La aplicación diaria de fotoprotección es la medida más contundente para prevenir el fotoenvejecimiento y reducir el riesgo de desarrollo de cáncer de piel. Ante rutinas acotadas, los dermatólogos concuerdan en que este paso resulta innegociable.

Recordá siempre que cuidar la piel no implica acumular productos cosméticos, sino comprender sus necesidades particulares y sostener hábitos simples, adecuados y constantes en el tiempo.


Médica Dermatológica Olga Romero (MN: 104632)