El tiempo en Campana | Ver pronóstico Ver pronóstico
El tiempo
- Edición Nro. 6338 // Visitas últimas 24 hs: 18259
11:18 "DEJARON TODO EN LA CANCHA"
La lección que la Selección todavía puede enseñarle a la escuela
Por María Eugenia Cossini
  • La lección que la Selección todavía puede enseñarle a la escuela

    Un paralelismo mundial / educación

Durante 90 minutos, Argentina volvió a hacer lo que mejor sabe hacer cuando juega la Selección: detener el tiempo.

Millones de personas miramos el mismo partido, sufrimos las mismas jugadas y sentimos esa mezcla de ilusión, nervios y orgullo que solo el fútbol parece capaz de despertar.

Después llegó el resultado. Y, como siempre ocurre, hubo alegría para algunos, desilusión para otros y discusiones para todos.

Pero hubo una frase que volvió a repetirse una y otra vez, incluso entre quienes lamentaban no haber levantado la Copa:

“Dejaron todo en la cancha.”

Me llamó la atención que esa fuera una de las primeras cosas que dijimos.

No hablamos solo del marcador. Hablamos de compromiso. De esfuerzo. De resiliencia. De un equipo que nunca dejó de intentar. De jugadores que siguieron corriendo cuando las piernas ya no respondían.

Y entonces me hice una pregunta.

Si eso es lo que más admiramos en el deporte, ¿por qué seguimos poniendo casi toda nuestra atención en el resultado cuando hablamos de educación?

Porque, curiosamente, cuando nuestros hijos vuelven de la escuela, la primera pregunta rara vez es:

”¿Qué aprendiste hoy?”

Suele ser otra.

”¿Cómo te fue?”

Y muchas veces, esa pregunta termina significando exactamente lo mismo:

”¿Qué nota te sacaste?”

Es extraño.

En el fútbol entendemos que un partido no empieza con el pitazo inicial. Sabemos que detrás de esos 90 minutos hay años de entrenamiento, derrotas, errores, correcciones, trabajo silencioso y miles de horas que nadie vio.

Celebramos el proceso.

Sin embargo, en la escuela seguimos mirando, sobre todo, el marcador.

Una evaluación, un promedio o un boletín parecen resumir el aprendizaje, cuando en realidad apenas muestran una pequeña parte de la historia.

Porque aprender se parece mucho más a preparar un Mundial que a rendir un examen.

Es probar estrategias. Equivocarse. Cambiar de plan. Tolerar la frustración. Pedir ayuda. Confiar en otros. Volver a intentarlo.

Eso fue, justamente, lo que millones de argentinos admiramos de esta Selección.

No solo cómo jugó.

Sino cómo llegó hasta ahí.

Y quizás esa sea la gran paradoja.

El deporte nos emociona porque hace visible el proceso.

La educación, muchas veces, intenta evaluar el aprendizaje mirando únicamente el resultado.

Imaginen por un momento que analizáramos un Mundial mirando solamente el marcador final.

Sin ver los entrenamientos.

Sin conocer las lesiones.

Sin recordar los partidos anteriores.

Sin valorar el esfuerzo colectivo.

Sería absurdo.

Sin embargo, algo parecido hacemos cuando reducimos el aprendizaje de un estudiante a una calificación.

Los resultados importan.

Claro que importan.

Nos ayudan a saber dónde estamos y hacia dónde seguir.

Pero no cuentan toda la historia.

Porque una nota no muestra la perseverancia de quien se animó a intentar algo difícil.

No refleja al estudiante que aprendió a trabajar en equipo.

No registra al que hizo diez borradores antes de encontrar una buena idea.

No alcanza para medir la curiosidad, la creatividad, la capacidad de escuchar, la resiliencia o el coraje de volver a empezar.

Y, sin embargo, son esas capacidades las que más admiramos cuando vemos jugar a un equipo.

Quizás haya llegado el momento de hacerle a la escuela la misma justicia que le hacemos al fútbol.

De empezar a mirar el partido completo.

No solamente el resultado.

Porque ganar depende de muchos factores.

Pero aprender a dar lo mejor de uno, incluso cuando nadie puede garantizar el final, es una de las lecciones más valiosas que una escuela puede enseñar.

Y, paradójicamente, es una lección que los argentinos parecemos entender perfectamente… cada vez que juega la Selección.