Según relató la víctima, su esposo había ido a la casa de un amigo en la bicicleta y la dejó en el portón de la vivienda, ubicada en La Pampa y Namuncurá. Sin embargo, al regresar, el rodado ya no estaba. No era una bicicleta lujosa ni nueva, pero sí un vehículo cargado de ilusiones y sonrisas para los niños y niñas que cada año esperan con ansias su visita.